domingo, 7 de enero de 2018

ASIMOV Y EL ALFABETO




           Pedro Conde Sturla.
                   23 de octubre de 2009

         [El origen del alfabeto es un tema apasionante sobre el cual es posible encontrar explicaciones muy eruditas y complicadas y otras superficiales que atribuyen toda la gloria de esta invención a los fenicios (“los cananeos de la costa”), como hizo el poeta Lucano cuando afirmó poéticamente que fueron ellos “los primeros que pintaron el sonido de las palabras”. Pero la cosa no es tan simple.
 Una de las mejores exposiciones que he leído aparece en el libro “La tierra de Canaán” de Isaac Asimov (1920-1992), el famoso escritor de ciencia ficción, divulgación científica e histórica. Asimov (palabra grave, no aguda) cultivó en grado excepcional el arte de la didáctica. Sus razonamientos son siempre sencillos, inteligibles, sin caer en la simpleza y sin perjuicio del rigor científico y el dato histórico.
         Se verá, en el texto de Asimov, que el alfabeto no es obra de un solo pueblo, de una sola cultura, sino el fruto de un proceso de evolución plurisecular que empieza por la invención de la primera forma de escritura por los sumerios, su desarrollo en Egipto, la simplificación de cientos de símbolos ideogramaticos y fonéticos por parte de los cananeos  y su reformulación en “veinte y dos signos (…) suficientes para representar todas las palabras que hablaban” en una lengua consonantal aglutinante. Los griegos completarían el trabajo añadiendo las vocales.
         Asimov lo explica mejor y con lujo de detalles. PCS].
        
          
           EL ALFABETO
           Isaac Asimov

         Fue por entonces cuando Canaán hizo otra gigantesca contribución a la cultura mundial, además de la invención de las ciudades, la alfarería y los viajes marítimos. Esa nueva contribución concernía a los elementos de la escritura.
Al principio la escritura consistía en imágenes de aquello a lo que se aludía. Con el tiempo se hizo tedioso dibujar imágenes reconocibles y se usaron símbolos reducidos. No era necesario dibujar un buey entero, si para sugerir la idea bastaba una cabeza triangular con dos cuernos (como una A invertida). Después de un tiempo, los garabatos que eran admitidos como representación de un objeto particular tuvieron que ser aprendidos independientemente, pues se hicieron demasiado esquemáticos para ser reconocidos para quien no supiera lo que habían sido en un principio.

En los valles del Tigris y el Eúfrates, donde la arcilla blanda era la sustancia común para escribir, se hacían los símbolos perforando la arcilla con un estilete que dejaba pequeñas marcas «cuneiformes» («en forma de cuña»). En Egipto, que poseía el papiro, podían escribirse los signos con un pincel, y eran mucho más gráciles.
A medida que pasó el tiempo y la escritura se difundió, las cosas sobre las que era menester escribir se hicieron más abstractas y complejas. Como consecuencia de ello, los símbolos se hicieron aún más intrincados y difíciles de comprender. El símbolo que representaba a un caballo también podía significar «velocidad», y el que representaba a la boca también podía significa «hambre». Dos símbolos unidos podían significar algo que no tenía nada que ver con ninguno de los símbolos en la realidad, sino con el sonido de ambos. Por ejemplo, si en castellano tuviésemos un símbolo para «sol» y otro para «dar», podríamos unir ambos símbolos para significar «soldar».
Naturalmente hubo intentos de abreviar el proceso. ¿Por qué no hacer que los símbolos representen sílabas, aunque en sí mismas las sílabas no tengan significado? Si en castellano tuviésemos un símbolo para «man», otro para «za» y otro para «na», ninguno de los cuales es una palabra por sí solo, combinando «man», «za» y «na», tendríamos una representación de la conocida fruta. La ventaja de esto consiste en que hay menos sí1abas diferentes que palabras diferentes.
Hasta podemos hacer que un símbolo represente al sonido con el que comienza la palabra de la cosa representada. Si tenemos símbolos para representar un pote, un arco, una rata, una taza y una espina, podemos hacer que cada uno sólo represente el sonido inicial y que pote-arco-rata-taza-espina simbolice la palabra «parte». Puede parecer ridículo usar cinco símbolos para significar  algo que puede representarse con uno sólo, pero los mismos símbolos pueden ser combinados en infinidad de maneras y, en definitiva, sólo tendríamos dos docenas de símbolos para representar muchos miles de palabras, y sólo tendríamos que memorizar estas dos docenas, en lugar de muchos miles.    .
Los egipcios pensaron en todo esto, pero nunca dieron el paso decisivo para simplificar su escritura. Usaron sílabas y sonidos iniciales, pero solo los agregaron a sus símbolos originales para palabras e ideas. La razón de ello quizás haya sido que la escritura estaba en manos de sacerdotes que juzgaban una ventaja para ellos el hacer que la escritura fuese algo complicado.
Esa complicación aseguraba que la escritura no se volviese demasiado común, que los legos seguirían siendo analfabetos. De este modo, los sacerdotes serían esenciales para el Estado, en la medida en que la escritura era esencial, y naturalmente aumentaba el poder de los sacerdotes. Tan asociadas estaban la escritura y el sacerdocio en Egipto que los signos de la escritura egipcia fueron llamados posteriormente «jeroglíficos» por los griegos, palabra que significa «incisiones sagradas».
No ocurrió lo mismo en Canaán, donde los comerciantes hallaron que los sistemas de escritura intrincados causaban perdidas en los ingresos. Si deseaban comerciar con los valles del Eúfrates, el Tigris y el Nilo, debían conocer un poco la complicada escritura cuneiforme como la complicada escritura jeroglífica. Además, constantemente debían preparar listas, recibos, notas de venta y todos 1os otros elementos del comercio en un sistema o en el otro, o quizá en ambos. Necesitaban desesperadamente algo más breve.
Algún comerciante cananeo, un genio anónimo, decidió aplicar la idea de hacer que los símbolos representasen el sonido inicial, como hacíán a veces los egipcios, y usarlos con exclusividad.
Así, la palabra cananea para «buey» era «aleph», donde el símbolo representa una oclusión glótica o un gruñido muy suave que no existe en español. ¿Por qué no hacer que el símbolo para «buey» representase el sonido cada vez que apareciese? De igual modo los símbolos para «casa», «camello» y «puerta», que en cananeo eran «beth», «gimel» y «daledh», respectivamente, podían representar a las consonantes que nosotros escribimos «b», «g» y «d».         .
Finalmente, los cananeos hallaron que veintidós signos eran suficientes para representar todas las palabras que usaban. Esos veintidós signos sólo representaban consonantes. A nosotros esto nos parece extraño, pues las vocales son igualmente importantes. ¿Cómo podemos saber si «ms» representa a «masa», «mesa», «misa») «musa» o «amasa»?
Pero ocurre que las lenguas semíticas se basan en ternas de consonantes. Cada conjunto de tres consonantes representa una idea básica y, cuando se agregan vocales, se obtienen variaciones sobre este terma básico. Las tres consonantes bastan (si se habla una lengua semítica) para captar la idea, y por el sentido de la frase, puede saberse cuáles son las vocales adecuadas.       .
Los más antiguos ejemplos conservados de escritura alfabética han sido hallados en las ruinas de una antigua ciudad cananea llamada Ugarit, situada sobre la costa a 160 ki1ómetros al norte de Biblos. Esas inscripciones se remontan, quizá, al 1400 a. C. (Se discute, sin embargo, si él de Ugarit fue el primer alfabeto de la historia o el fenicio, PCS).
El alfabeto es una invención mucho menos común que la de la escritura misma (aunque no es tan importante, pues sólo se trata de una simplificación de una invención anterior). Mientras que la idea de la escritura surgió en varios pueblos independientemente, la idea del alfabeto parece haber aparecido sólo una vez: en Canaán, en algún momento anterior al 1400 a. C.
Pronto la idea se difundió entre los griegos, por ejemplo. Estos, que -en tiempos posteriores- estaban muy orgullosos de su cultura y pensaban que todos los otros pueblos eran culturalmente inferiores, no trataron de ocultar el hecho de que la escritura alfabética no era invento de ellos. En sus leyendas hablaban de un tal Cadmo, un príncipe de Canaán (y hermano de Europa, cuyo rapto por Zeus había originado la civilización en Creta) que llegó a Grecia y llevó consigo la escritura alfabética.
Los griegos deformaron los nombres sin significado (para ellos) de las letras y los convirtieron en sonidos que les parecían más naturales. Así, «aleph», «beth», «gimmel» y «daleth» se convirtieron en «alpha», «beta», «gamma» y «delta». Las nuevas palabras no tenían sentido en griego, pero eran mas fáciles de pronunciar para personas de habla griega. De las dos primeras palabras, de estos nombres deformados, deriva nuestra voz «alfabeto».
Los griegos hicieron una contribución sumamente importante al alfabeto. Puesto que hablaban una lengua indoeuropea, no semítica, el sistema de las tres consonantes no se aplicaba a ella. No podían prescindir de las vocales. Por ello hicieron que algunos de los símbolos cananeos representasen sonidos vocálicos. Así, a la primera letra, que representaba la oclusión glótica, la usaron para representar la vocal que llamamos «a».
El alfabeto tuvo también amplia difusión y, en cada adopción, se deformaron cada vez más los símbolos y los nombres y se agregaron nuevas letras o se alteraron las viejas para representar sonidos presentes en la lengua de quienes lo adoptaban y que no existían en otras lenguas. Pero en ultima instancia, todo alfabeto usado sobre la Tierra puede hacerse remontar (se cree) al alfabeto originario de Canaán.
Aunque la escritura existía desde quince siglos antes de la invención del alfabeto, sólo con éste surgió la clara posibilidad de que la gente común aprendiese a leer y escribir. Y al hacer que fuese cada vez mayor el número de personas que tuvieron acceso al saber, permitió que fuera también cada vez mayor el número de personas que hizo contribuciones a éste. Así, el alfabeto favoreció enormemente el desarrollo de la cultura y la tecnología. (Issac Azimov, “La tierra de Canaan”)
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                                                 pcs, viernes 23 de octubre de 2009

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