domingo, 4 de febrero de 2018

Ateísmo

Un relato del libro Ritos ancestrales 
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Pedro Conde Sturla

Yo era un creyente ferviente, lo confieso, tenía una gran devoción por el Sagrado corazón de Jesús, aquel cuadro del Sagrado corazón de Jesús frente al cual rezaba mi madre todos los días. Tan grande era la fe que en él depositaba, que lo creía capaz de todo, absolutamente todo.

Un día se me ocurrió una idea luminosa. Era una idea tan genial y tan simple a la vez que me sorprendió que no se me hubiera ocurrido antes. Se me ocurrió hacerme rico con la ayuda del Sagrado corazón de Jesús.

Sin demorar en el trámite compré un billete de lotería, me acerqué al cuadro. Con el corazón encogido (el mío, no el de Jesús) elevé una plegaria, metí el billete detrás del cuadro. Nadie me libraría del premio mayor. En mis manos lo tenía ya. Dormí plácidamente esa noche, la noche del sábado.
Pero el billete se peló.

Fue la más grande desilusión de la vida. Nadie me había preparado para ello.

En tan temprana edad perdí la fe para para siempre en aquel 
Jesús caucásico, blanco y rubio, de nariz perfilada, ojos azules y pelo ensortijado.

14/02/2017

Nota: El pensamiento sicorrígido no tolera el menor asomo de irreverencia.


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