Pedro Conde Sturla
2 de agosto de 2008
Leo
con asombro, con infantil asombro, una lista de libros para el presente año
escolar, correspondiente al cuarto de bachillerato de una institución de
enseñanza privada, de esas que cobran un ojo por la inscripción y otro por las
cuotas mensuales.
La
compra de los libros es obligatoria, por supuesto, y también la reacción de la
señora que pega el grito al cielo cuando le pasan la cuenta por más de siete
mil pesos.
La
lectura de los libros es igualmente obligatoria, compulsiva, ineludiblemente
compulsiva. Los estudiantes tendrán que leerlos y comentarlos o fingir de
alguna manera que los leyeron.







